Publicado por Etelvina Diversion , sábado, 18 de septiembre de 2010 16:02

Y ahi estaba tendida yo, casi inmaculada, enterrada en ese terreno impuro, expectante y obediente. Mis ojos se fijaban en el cielo, exigiendo respuestas, al mismo tiempo que mi boca ganaba la guerra que habia desatado contra mi cabeza, llevandose el merecido trofeo: la posibilidad de susurrar tu nombre.

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