Publicado por Etelvina Diversion , miércoles, 16 de febrero de 2011 3:15

Otra vez el mismo escenario: el espejo y yo. Ambos batiendonos a duelo, dispuestos a usar nuestras mejores armas. Yo me paraba regia, radiante, con los pies tatuados al suelo, mirando un punto fijo, el oriente, quizas, o quizas era Roma.
Unos segundos bastaron para percatarme, que en ese reflejo... mi cabeza ya no estaba. y corri, horrorizada, advirtiendo que ese espejo era un espejo de futuros y admiti mi derrota.

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